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El santuario de Adelina y los caminos de la vida

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Por Milagros Amarista //

Observo la respiración del barrio La Cruz . La fachada no concuerda con los edificios que lo circundan. El bullicio de los niños y algo en el aire, tampoco. A mano izquierda de la entrada se encuentran los guardianes de la comunidad: un módulo de la policía de Chacao y la gruta de la Virgen.

Una figura menuda, de pelo corto, con anteojos de pasta pequeños, camisa y pantalón a dos tonos de rosado me saluda. La gente camina por la ancha calle principal. Veo una bodega, una charcutería, casas bonitas rodeadas de matas, gente que entra, gente que sale. Al final de la calle se abre una “y”, rabito rectilíneo del imaginario geográfico bifurcado en forma de “v”.

En el ángulo derecho de la “v” se encuentra la casa de la señora Adelina Rangel, una construcción de dos plantas unida por una empinada escalera de hierro. Trepamos la escalinata. Una reja se abre, un pequeño porche corteja la puerta de la casa. Al otro lado, un cuarto de lavadoras nos recibe. Hace unos años prestaban servicio de lavandería, pero los problemas con el agua y la posterior escasez de jabón provocaron el cese de sus actividades.

Milagros 3Mini retratos, botellas vacías de ron, huevos y avellanas reposan en las mesitas de la sala. Una nevera y tres butacas terminan de rellenar el espacio. Adelina me invita a tomar asiento. A su lado, miro como su brazo reposa sobre el mueble, la mano cerrada sobre la mejilla, el cuerpo ladeado hacia mí, las piernas cruzadas, sus labios finos que dicen ¿qué es lo que me vas a preguntar?

 

Una mesa la ponía a la altura de la cocina de kerosén de dos hornillas. Freía unas tajadas para su padre cuando escuchó el chillido de su hermano al nacer. La abrupta ruptura del silencio hizo que una tajada cayera en el aceite y la salpicara. La pequeña pegó un grito. Su padre contestó con otro: ¡bájate de ahí que usted no sirve pa’ un coño!

La historia de la tajada es la historia de su primera infancia. Como era una de las mayores tenía que ayudar a su mamá con el cuidado de sus seis hermanos. La situación se intensificó cuando su padre, “que en paz descanse y que dios lo haya perdonado”, se fue de la casa. La madre, “una gocha de esas bravas pero bravas pero gochas”, tuvo que hacer verbo el credo que tanto repetía: “en la vida hay que ponerse los pantalones”.

La mujer con pantalones trabajaba en la Pepsicola y por la tarde lavaba la ropa de algunos empleados de la empresa. Pero el esfuerzo y la gallardía no fueron suficientes para solventar la circunstancia apretada y tuvo que tomar la decisión de enviar a las tres niñas a un internado de monjas para “desahogarse”.

Tenía nueve años cuando llegó al convento: “fue como estar encerrada en un sitio, como te digo en una casona y tú no conoces a nadie. Y uno está allí metido y eso es pararse a las cinco de la mañana, mientras te bañas, te vistes, son normas y horarios, que si te toca bañarte a tal hora, te tienes que bañar en cinco minutos y son uno, dos, tres, cuatro, cinco ¡pa fueraaa!, igualito que el cuartel, viene siendo igualito que el cuartel”.

Fue dada de baja a los dieciocho años. Eran los 60’. Casi toda la familia de Adelina trabajaba en la Pepsicola. Era el mes de Mayo y el Centro de Bebidas celebraba el día del trabajador con un reinado y una fiesta. Adelina era una muchacha muy guapa, blanca, de pelo oscuro, nariz respingada y una bella sonrisa que todavía conserva. No fue extraño que a sus hermanos se les ocurriera inscribirla en el reinado del sindicato. Tampoco fue raro que aquella noche Adelina se convirtiera en reina primero de mayo.

Aunque el concurso no ofrecía más premio que el vestuario, la carroza, la fiesta, la banda y la corona, la noche le dio un premio mayor. No sé si la invitó a bailar, o si le cantó al oído alguna de las canciones que entonaba en la “Sonora Cantora”, pero sé que aquella noche la piel morena de Ángel, “el chino”, Calzadilla conquistó una guarida en la memoria de una reina.

Se casaron en la iglesia Corazón de Jesús de El Paraíso, era el mes de marzo. La señora Adelina corre a uno de los cuartos a buscar la foto del matrimonio: de rodillas, frente al altar, un hombre buenmozo con traje gris sostiene una especie de vela. Una mujer, de punta en blanco, lleva un ramo de flores entre las manos de encaje, sonríe y observa al cura que preside la ceremonia. A un lado están los pajecillos, atrás una inundación de gente observa el ritual. La señora Adelina me señala al jefe de su esposo y a su hermana mayor que se distingue entre la muchedumbre por unos grandes lentes oscuros.

El matrimonio duró cuatro años. Un día “el chino” recibió una llamada. Su abuelo había muerto. El entonces dirigente de Acción Democrática, preparó rápidamente el viaje para Güiria. Pero no pudo llegar al entierro, en el camino un camión perdió el control y se llevó por delante el carro en el que iba. Con dos niños y embarazada, Adelina tuvo que ponerse los pantalones. Afortunadamente su mamá “le tendió la mano” y se mudó con ella al barrio La Cruz de Chacao.

 

Al principio la casa del Barrio la Cruz era de pura madera. “Esto era pura tierra y por las calles corrían las aguas, pero a punta de préstamos mamá construyó esta casa”. La mamá de Adelina falleció hace quince años. Después del deceso, decidió vivir indefinidamente en la casa de la Cruz y dejar su casa de Valencia en manos de una de sus hijas. Dice que le gusta vivir aquí, que está adaptada, que ya se acostumbró. Para ella “aquí es más cómodo, todo queda más cerca, mientras que allá en Valencia todo queda más lejos. Aquí me monto en el metro y voy pa’ donde sea, y no pago”.

Aprovecho para preguntarle por la seguridad en el barrio y me dice: “bueno, yo te digo una cosa, yo tengo los años viviendo aquí y nunca he tenido problema con nadie, ni tampoco me gusta estar discutiendo. A nosotros no nos enseñaron a tener discordias. Nos enseñaron a tender la mano, a ayudar al que pueda. Pero sin embargo es tranquilo. Aquí nosotros no tenernos pleito, cosas así, nada”.

Pero la tranquilidad se fisura en las palabras de Adelina al mencionar que en el barrio “nada es bien porque aquí no hay unión. Aquí la gente está molestando y perjudicando al vecino”. Cuando le pregunto si ha sido siempre así o si se nota más ahora, me dice que se nota más ahora, que “antes el que se encargaba de las cosas decía y la gente lo hacía. Ahora mientras más uno le dice que bajen el volumen lo suben más alto. Y si no, viene la guardia nacional y a veces los de aquí se le levantan”.

Su voz en crescendo, me hace intuir la indignación y la frustración que siente al no poder decir o hacer nada al respecto, porque una vez dijo y le respondieron con tumbarranchos en el techo. Y es que la impotencia le viene de lo que hacía su mamá en el barrio y que ya no puede hacerse: “cuando mamá vivió aquí había gente de mala conducta y mamá los insultaba, les metía con el palo de la escoba. Y si era de darle un plato de comida ella se los daba”.

En el cuerpo me queda la sensación de que aquí las cosas no son lo que eran antes. Hoy en día las casas no son de tabla sino de bloque y cemento frisado, todas bien pintadas. Las calles ya no son de tierra y las aguas se conducen por las cañerías. Ya nadie pone en cintura a nadie porque puede que le revienten el techo a punta de tumbarranchos.

 

¿Cómo es eso que usted es la encargada de la virgen? Bueno tú sabes que cuando ya yo me vine definitivamente había una muchacha de la legión de la virgen que en mayo, que es el día de la virgen porque es el día de las madres,  traía la virgen y la peregrinaba. Yo la acompañaba y todas las noches rezábamos en una casa diferente. Una vez, estando con la virgen, había una señora que en ese entonces era la presidenta de la junta de vecinos y había un diputado de la alcaldía de Chacao, y a nosotros nos tocó ir a rezar esa noche a la casa de esa señora. Bueno él le pidió un milagro a la virgen y la virgen se lo concedió. Parece que la esposa no podía tener bebés y salió embarazada, porque los milagros de Dios existen, uno es el que no los ve.

Bueno en favor de ese milagro, el diputado, al que la virgen no le dio uno sino tres seguiditos, nos regaló la virgen. Quedó en manos de la dueña de la casa en la que ocurrió el milagro, pero como ella no se iba a encargar de eso se la llevó a una señora que pertenecía a la cofradía del corazón de Jesús de la iglesia, pero ella tampoco se podía hacer cargo y entonces me mandó a llamar. Cuando yo baje ella dijo: miren, esta es la señora que se va a encargar de la virgen.

Milagros 1La potestad de Adelina sobre la virgen fue reivindicada por la comunidad al formarse un grupo de la virgen de la Rosa Mística, en el que, dedocráticamente, la señora Rangel fue escogida como presidente. Diariamente el grupo de mujeres rezaba el rosario frente a la gruta de la virgen. Pero hace uno o dos años la oración fue interrumpida por la inocencia de los juegos infantiles, la pelota, el fútbol y las mismas madres, porque Adelina dice que es por ellas que los niños les decían “¡ahh vieja esto no es para rezar, váyanse para la iglesia!”.

De allí para acá Adelina todos los sábados sube, pone las flores y limpia la virgen. En diciembre la saca y la pinta. El primero de mayo y el 13 de julio que es el día de la virgen también. Me cuenta que todo lo que recogen cuando hacen la peregrinación lo usan para el día de la virgen: “con eso adornamos a la virgen, le ponemos rosas artificiales nuevas y luces de navidad. Hay una señora que nos hace una torta, hay un muchacho que trabaja en la Pepsicola que nos trae un paquete de refresco… Compramos lo que hace falta, compramos los rosarios y los regalamos. Ay, ya va, te voy a dar uno», me dice, y se levanta a buscarlo.

Adelina me trae un rosario blanco de plástico, metido en una bolsita engrapada a un papel que prescribe:

ORACIÓN AL RECIBIR A LA VIRGEN.

Madre querida Rosa Mística entra en esta casa y toma en cuenta a nuestra familia. Es nuestro ardiente deseo que quedes siempre con nosotros, en unión con tu Divino hijo Jesús, a fin de que esta familia sea un santuario alegre, lleno de amor, comprensión, respeto y salud. Con inmensa alegría y profundo respeto recibimos en nuestra humilde casa, tu imagen tan sencilla. Esta casa te pertenece, al igual que nuestra fe, nuestro amor, nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, Amén.

PEREGRINACIÓN 2011

(Comunidad Rosa Mística)

Le doy las gracias y le pregunto si la Alcaldía las ayuda en algo. No, el día de la broma siempre pedimos que nos ayuden con los toldos, las sillas y el audio. Y nos echan la mano. Yo no es porque me queje, pero yo costeo las flores de la virgen todos los años, todos los sábados yo le compro sus flores. Hay una señora por acá abajo, dice sonriendo, que está mayor y todos los sábados me da cinco bolívares con mucho amor. La señora de allá arriba le manda un ramo y otra señora le manda dos ramos.

Interrumpo su monólogo para hacerle notar que aunque no toda la comunidad está pendiente aún hay personas que sí. No, prosigue, y cuando peregrinamos a la virgen eso es que empezamos el primero de mayo y a veces llega el día de ella que es en julio y todavía la estamos peregrinando. La última vez visite más de ochenta casas. ¿Y va con la virgen? No yo entro en sus casas y ella invita a las personas, preguntamos si la quieren recibir. Si me dicen que no pueden nos vamos para otra casa, si la reciben rezamos el rosario, la dejamos y la buscamos al día siguiente, porque uno no puede obligar a la gente.

¿Y esto es muy grande señora Adelina? Más o menos, si quieres vamos y te lo muestro.

 

Según el Diccionario de la Real Academia Española, peregrinar significa “en algunas religiones, vivir entendiendo la vida como un camino que hay que recorrer para llegar a una vida futura en unión con Dios después de la muerte”.

Milagros 4Salimos a peregrinar por el barrio. Adelina me va guiando por los zaguanes e intersticios de la comunidad. Casi todo el mundo tiene la puerta abierta y ella aprovecha para saludar. Muchas veces se le adelantan con un “Señora Adelina, cómo está”. Son las cinco de la tarde, la gente que ya ha llegado de sus labores hace notar su presencia: el reggueton, la bachata y la salsa sirven de fondo musical. Hoy los niños son los peregrinos de los vericuetos, corren, juegan al escondite. Adelina me muestra hasta las calles ciegas, me señala las incipientes construcciones, esas casas sobre casas tan populares en los barrios. El rabito de la “y” está lleno de gente, hay un carro de perrocalientes, otro de pinchos, la gente está sentada frente a su casa, entre ellos hablan, observan, disfrutan el olor a terruño esparcido en el aire.

El recorrido termina en la gruta, Adelina saca una llave, abre el candado del vidrio que cubre a la virgen y me muestra la escultura que ha mantenido por quince años. Es una pieza bella, iluminada, que mira hacia abajo con las manos juntas. Parece que observara las flores que la rodean.

La admiro, es una virgen bella, vestida de blanco. Adelina cierra la puerta de cristal. Le pregunto si hay una generación de relevo, muchachos y muchachas que se preocupen por el ritual de la virgen en el barrio. Me dice que no, que cuando muera no sabe quién se va a encargar de eso.

Seguimos caminando y conversando. De repente, Adelina se voltea sorprendida, un niño de unos dos años le toca la pierna para llamar su atención y dice algo incomprensible  mirándola amenazadoramente. ¿Qué pasó, papi? Él, como sabe que no le entienden las palabras, pone sus manitas juntas sobre el pecho. Ahh, la virgen, dice ella. El niño asiente con la cabeza y pronuncia una especie de advertencia, algo así como un “cuidao”. Adelina sigue caminando y el niño regresa al continuum del juego. Ah, ya sé quién es ese niñito, recuerda, él le puso el otro día diez bolívares a la virgen.

Comienza a oscurecer y me despido de ella, quien, amablemente, me acompaña a la entrada del barrio. Frente a la virgen no hay nadie rezando. Desde hace dos años solo los niños juegan.


 

 

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La historia de estas historias

Nos propusimos dictar un taller de crónica. Nos propusimos, también, contar la historia del barrio La Cruz, en el municipio Chacao (Caracas), a través de los testimonios de vida de algunos de sus habitantes fundadores. Convocamos a miembros de la comunidad dispuestos a contar su vida y abrimos un taller de tres meses de duración en el que cada participante debía escribir (como trabajo final) la semblanza de uno de esos miembros de la comunidad. Uno pondría la historia y el otro una voz literaria para contar esa vida.

En una segunda etapa, bajo la misma modalidad y con nuevos participantes, repetimos la experiencia en la comunidad de Bello Campo, en el mismo municipio. El resultado fueron otras maravillosas historias de vida, que contribuyen a alimentar otras visiones sobre Caracas, como una forma de registrar historias cotidianas de nuestra ciudad,

Queríamos que fuera divertido y que todos aprendiéramos de todos. Estuvimos puliendo esas historias durante meses y, en efecto, nos divertimos y salimos un poco más sabios.

Y todos salimos ganando. Las comunidades, cuyas historias quedaron asentadas en este proyecto. Y los participantes, que aprendieron haciendo y conocieron otras formas de vivir en Caracas.

LEER: El taller de La Cruz: Coordenadas generales

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Agradecimientos

Queremos dar las gracias a la gente de la Gerencia de Turismo, de la Alcaldía de Chacao, dirigida por Mariana Andrade, que fomentó esta edificante experiencia, a Sebastián Pérez Peñalver, por las fotos que acompañan estas crónicas, y a Lennis Rojas, por el soporte técnico para el desarrollo de la página.

Con el apoyo de