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     Los autores prohibidos (II)
encuesta

"Resiste cuanto puedas la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte" recomendaba Quiroga en su famoso decálogo del buen cuentista. No son pocos los escritores que han reconocido su reticencia a leer a determinados autores, por temor a su hechizante influjo. Resulta que el estilo de ciertos autores es tan marcado, tan cautivador, que despierta el temor de no poder evitar lo contagioso de su estilo, de no poder resistirse a la imitación.

El año pasado consultamos a tres autores venezolanos (Salvador Fleján, Juan Carlos Chirinos y Javier Miranda-Luque) acerca de esos autores que se prohibían leer, a partir del anterior enunciado. Un poco para dar continuidad al tema, y retomar nuestras consultas con los autores venezolanos en torno a esos temas relacionados con la creación, le preguntamos a Gisela Kozak, Adriana Villanueva y Roberto Martínez Bachrich ¿Cuáles son esos autores que no lees por temor a no resistirse a imitarlo? La posición común a los tres, por diversas razones, es que no tienen temor a caer en el influjo de los maestros. Las respuestas y sus razonamientos, a continuación:

 


 

Gisela Kozak: Siempre escribimos sobre las líneas de otros

Nunca he sentido el temor de la imitación porque, entre otras cosas, me parecería imposible poder imitar a Virginia Wolf, Jorge Luis Borges, Marguerite Yourcenar, Miguel de Cervantes, Mario Vargas Llosa, Clarice Lispector, José Antonio Ramos Sucre (fatalmente secuestrado por poetas), Eduardo Liendo o Victoria de Stéfano. No hay imitación posible y por lo tanto no tiene sentido negarse a la lectura ni puede existir temor alguno. Además, la literatura es un "palimpsesto" (Genette) y siempre escribimos sobre las líneas de otros: la habilidad está en difuminar estas líneas y en que estén presentes pero olvidadas momentáneamente por el lector. Por supuesto hay autores que han producido epígonos: Neruda ha sido el mayor progenitor de malos poetas de América Latina, aunque él tuvo libros sin duda extraordinarios. Además, la persona que escribe tiene que acercarse a las diversas tradiciones que han confluido en la literatura contemporánea y si ya de por sí  es imposible leer todo lo que se debería, no tiene sentido alejarse de los escritores(as) que nos parecen irresistibles.


Adriana Villanueva: No tengo nada en contra de la imitación

yo no tengo autores prohibidos, soy muy fastidiosa. Además, no tengo nada en contra de la imitación, yo agarro vilmente lo que me sirve de Cabrujas, Shakespeare, Auster, Vargas Llosa, Bryce, y hasta de Dan Brown, el autor del Código Da Vinci. Y si estoy escribiendo algo que me suena mucho a determinado autor, con más razón insisto en leerlo,   trato de hacer un ejercicio de estilo que nunca funciona porque siempre termino sonando como la princesa devaluada caraqueña que soy.


Roberto Martínez Bachrich: Imitar puede ser una forma de leer a fondo a un maestro

Mis autores prohibidos son justamente aquellos que nunca imitaría. Una mediana lista de pésimos escritores a los que uno ha llegado por error vital, enamoramiento equivocado, desatino académico o esa absurda necesidad de estar más o menos al día que de cuando en cuando nos embarga. Ningún gran autor debe ser ajeno a un escritor/lector por temor a la imitación. Imitar puede ser una forma de leer a fondo a un maestro. Imitando pueden desentrañarse (o no) algunos de los secretos mecanismos de escritura de quien tiene un largo oficio y un sobrado talento. Hablo de lo meramente artesanal, de todos aquellos mecanismos que están fuera de lo mágico, de lo profundamente dado por las musas, el genio, el inconsciente, el alma o como queramos llamar a ese territorio oscuro y misterioso en el que se generan grandes imágenes, ideas, formas, y que no hay manera de desentrañar. Hay que imitar para aprender esos mecanismos. Y una vez que se aprenden, vale la pena desechar el ejercicio imitativo y partir de cero, otra vez, ahora con una escritura acaso más fuerte gracias a esa lectura profunda del maestro. Lectura que incluye, a veces, la imitación. Imitar es un sano ejercicio, me parece, pero pertenece a la práctica personal de la escritura, a la escuela íntima de cada escritor. Es eso: un ejercicio creativo, que no una creación. Prohibirse la lectura de ciertos autores por temor a imitarlos ¿no es pura flojera o cobardía? ¿No es, en cualquier caso, un exabrupto? ¿Cómo dejar de leer a Borges, a Cortázar, a Ramos Sucre (tres de los más frecuentes escritores en estas listas del temor a la imitación) por miedo a escribir como ellos? Yo preferiría dejar de escribir antes que dejar de leer a los maestros. Pero ese soy yo y respeto cualquier posición diversa. Está bien claro que en este mundo cualquier excusa es buena para leer o dejar de leer a un autor. Y para hacer o dejar de hacer, finalmente, cualquier cosa.

   
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