El nombre de Antonio López Ortega puede resultar familiar cuando se habla de Gestión Cultural en Venezuela, cuando se habla del conocido trabajo de difusión de la cultura popular que realiza la Fundación Bigott, o de la excelente calidad de su revista; también cuando se habla del mundo editorial venezolano (dirigió el Fondo Editorial Fundarte y la colección Orinoco de Alfadil, y fundó la Editorial Pequeña Venecia), así como de una obra narrativa que alcanza los seis títulos, además de los ensayos recogidos en El camino de la alteridad. Pero en la línea menuda de la obra de López Ortega, en la amable conversación distendida, se descubre al personaje elaborado en la pequeña tragedia cotidiana, en la mirada asustada de un niño respirando el paisaje ubicuo de Lagunillas -la suya: íntima y remota-, y se comprende que las dudas y los temores han hecho más al hombre que la ufana arrogancia de las efímeras victorias.
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