Varios
30 marzo 2008
Para algunos escritores la infancia es un lugar propicio de indagación. Así como son esenciales ciertas preguntas: ¿cuál es el origen de la escritura?, ¿cómo se van hilvanando las historias, las ficciones y finalmente los libros? Wilfredo Machado (Barquisimeto, 1956) no escapa a estos preceptos, más bien los reafirma agregando que tuvo mucha suerte porque las lecturas, en un inicio azarosas, comenzaron muy pronto. El oficio vendría después, pero en su memoria aún vibran lacerantes algunas imágenes que llegaron a tiempo, y que lo cambiaron para siempre. "La evocación es un territorio desconocido incluso para uno mismo", apunta. También ubica en la infancia las primeras lecturas del Antiguo testamento. Y señala sin ningún tipo de sarcasmo: "la gente dice que la Biblia es literatura fantástica y sé realmente a lo que se refieren". Por otra parte, recuerda haber descubierto cierta sensibilidad temprana para la ficción, la literatura, y tal vez para el arte, cuestiones que serían base fundamental en su quehacer.
Sin embargo, una de las experiencias que marcó a Machado decididamente fue la lectura de La Ilíada, en especial la recuerda como una batalla bien contada que se realizaba de noche; llamándole en forma especial la atención que "con el lenguaje se consiguiera llevar a alguien a otro mundo diferente, de fantasía, ensoñación". Allí estaría buena parte de lo que es la literatura: "la capacidad de llevar a otro a un mundo distinto, de ponerlo en un momento determinado junto a sus pesares, lo que piensas y sientes; estar frente a otra percepción", acota.
De esta manera, se fue perfilando en él un apetito por contar historias donde "la imaginación se despierta a través de la lectura, incluso desde algunos libros le rindes tributo a esas lecturas. Aquella cosa un poco atemporal, como los bestiarios, las historias del pasado, la fábula, y es interesante ver cómo se desarrollan posteriormente en uno".
La formación académica llegó —se licenció en Letras en la Universidad de Los Andes y durante 1993 cursó estudios en la ciudad de Nueva York—; y también los premios y los libros. En 1986, recibe el Premio de Cuentos de El Nacional por "Contracuerpo", el cual daría título a un conjunto de relatos publicado en 1988. En cuanto a este Premio Machado afirma: "depende mucho de la actitud con la que se tome, esa experiencia fue bien importante para mí. Yo era un muchacho de provincia obnubilado por Caracas". Así mismo le fue otorgado el Premio Municipal de Narrativa en 1995 por Libro de animales (1994), y en 2003 el III Premio Anual Fundación para la Cultura Urbana por Poética del humo (2004), entre otros. Este último título confirma toda la elucubración creadora de Machado, por lo versátil de su composición y por la férrea capacidad de lograr, con el trabajo de su prosa y sus sorprendentes historias, propósitos poco recurrentes en autores del patio.
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